Son los mejores tiempos. Son los peores tiempos. En el año 2015, la gente tiene acceso a una cantidad y profundidad de información inimaginable anteriormente. Todo el mundo contribuye de alguna forma. Todo el mundo participa para crear un medio de comunicación vivo y dinámico. Sin embargo, la prensa, tal como se conoce, ha dejado de existir. La fortuna del llamado ‘cuarto poder’ ha decaído. Las organizaciones periodísticas del siglo XX son algo del pasado, un vestigio de un ayer no muy lejano.

EPIC, o cómo matar al periodismo antes de tiempo

La apocalíptica y desafortunada visión del panorama mediático de la próxima década que encabeza este post ha sido extraida de la introducción de EPIC 2015, un documental de ficción desarrollado en flash por Robin Sloanlos estadounidenses Robin Sloan y Matt Tompson, del reputado centro de estudios de la comunicación The Poynter Institute (Florida, EE.UU.). El propio título ya nos da la clave del argumento: EPIC son las siglas de Evolving Personalized Information Construct (Construcción de Información Personalizada en Evolución), algo así como un sistema de participación ciudadana destinado a filtrar, ordenar y distribuir las noticias salvando el creciente caos informativo en el que nos ha sumido Internet. Hasta aquí, parece que no se aleja mucho de algunas aplicaciones que ya conocemos… Pero el espectáculo no ha hecho más que comenzar.

En sus casi nueve minutos de duración, esta ucronía nos lleva desde el panorama actual hasta Mark Thompsonun hipotético 2015 en el que el monopolio de la comunicación habrá sido arrebatado a las grandes multinacionales por los usuarios de las redes sociales. En el camino, toda una sucesión de improbables acontecimientos e hitos tecnológicos van configurando el marco necesario para que el nuevo sistema se sustente sin depender de los intereses de los multimillonarios magnates. De hecho, parece que las del todopoderoso Google son las únicas cadenas de las que nuestros congéneres del “pseudofuturo” serán incapaces de despojarse. No sé por qué me temo que en esta cuestión el futuro no se aleja mucho del presente y, quién sabe, tal vez la realidad supere incluso a la ficción.


Después de un repaso por los orígenes y la evolución reciente de Internet, la narración nos lleva hasta un 2008 difícil de conciliar con el que hemos vivido, en el que se materializa la alianza que competirá con las ambiciones de Microsoft: Google y Amazon unen sus fuerzas y forman Googlezon. En defensa de sus Googlezoncreadores, hay que decir que el documental fue creado en enero de 2005, y su versión original, llamada EPIC 2014 (el vídeo está colgado en Youtube), en noviembre de 2004. Evidentemente, por aquel entonces era imposibe imaginar lo que iba a suceder en el octavo año de nuestro siglo, pero me temo que ese mismo desconocimiento y el consecuente gazapo histórico haya sido cometido en las previsiones para el año 2015…

Más adelante, en 2010, se produce una “guerra de noticias” entre Googlezon y Microsoft, en la que poco tienen ya que decir los medios tradicionales, cuya decadencia para entonces es un hecho consumado. No obstante, en 2011, “el adormecido cuarto poder de la prensa se despierta para ofrecer su primera y última resistencia”. The New York Times Company denuncia a Googlezon por violación de las leyes de Propiedad Intelectual (en el documental se refiere a la legislación norteamericana, pero en España también tenemos una), en un caso que llega finalmente a los tribunales. Como era de esperar, la Corte Suprema falla a favor de Googlezon, condenando al agonizante periodismo profesional a pasar sus últimos días en su particular corredor de la muerte.

EpicFinalmente, el domingo 9 de marzo de 2014 es la fecha que ha de marcar en libros y museos la ejecución final de nuestra profesión. Incluso es probable que lo hiciera también en los programas de las facultades de comunicación, de no ser porque, presumiblemente, a estas les está reservado un destino equivalente al de la materia que imparten… El caso es que en dicha jornada histórica Googlezon se decidirá por fin a desvelar su arma secreta, EPIC, una aplicación capaz de generar “un paquete personalizado de contenidos para cada usuario sobre la base de sus gustos, sus hábitos de consumo, sus intereses, su situación demográfica y su red social”. Como consecuencia directa, “en 2014 el New York Times deja de publicar en el web” y “el Times se convierte en un boletín impreso en casa para la élite y la gente de edad”.

¡Es que nadie va a pensar en nosotros!

Quien controla el presente, controla el futuro

(George Orwell)

Tanto pesimismo me desborda. Incluso a un nativo digital, apasionado del ciberperiodismo y las redes sociales como un servidor, encontrarse con predicciones de este tipo (y es que a EPIC se le suman otras como Prometeus, que apunta aún más lejos, al año 2050) le hacen replantearse la salud de la profesión que ama: el periodismo. No me interpreten mal, no es que esté de acuerdo con los fatídicos augurios del documental, sino que, al contrario, me embarga una produnda decepción al pensar que el presente de los medios tenga entre sus estudiosos y analistas a personas capaces de argumentar de esta manera, eliminando por completo de la ecuación el factor más importante: sus sucesores, aquellos llamados a ser el futuro de los medios, los comunicadores del mañana.

Todo aquel que por un momento se haya sentido identificado con estos apocalípticos augurios, debería acometer el saludable ejercicio periodístico de darse un paseo por cualquier facultad de comunicación y entrevistar a algunos de sus estudiantes. Tengan por seguro que, entre el amplísimo abanico de opiniones que recavará, pocas o ninguna suscribirán el doloroso final del oficio que anuncia EPIC. Permítanme que les pida, por lo tanto, un voto de confianza. Los medios, inundados de una nueva generación de comunicadores, sabrán reinventarse, y el modelo de negocio actual – aún con una fuerte dependencia de los ingresos publicitarios – se verá sustituido por nuevas formas de abordar la información, de elaborar noticias y de distribuirlas.

Lejos de conducir a una prematura extinción o a la sustitución de los diarios por una oleada de contenidos generados por aficionados (“todo el mundo”, EPIC dixit), la crisis que hoy día azota a los medios será la chispa que encienda el motor de un cambio, que se ha de producir tras un intenso debate en el seno de la profesión. Un cambio de ciclo, un cambio de paradigma, un cambio de esquemas productivos… Pero nunca, ni en el peor de los escenarios imaginables, el fin del periodismo.

¡Qué no paren las rotativas! ¡Larga vida al oficio de informar!

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